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Ahora O Nunca

Un oasis dentro de esta jungla

Maxi y Darío, a cuatro años...

Ese día no distaba mucho al de hoy. La diferencia podría ser que había amanecido fresco pero despejado . El sol comenzaba a calentar a los manifestantes que se acercaban al puente Pueyrredon. De transito continuo ese día cambio los gruñidos de los autos por el bombo y los gritos en reclamo de mayor atención social, algo que el estado ausente se demoraba y demora en dar. El gobierno de turno había advertido que no se permitirían ese día ningún corte de piqueteros, y de ser así serían reprimidos.

Ese día desde las 12 del mediodía la bonaerense cumplió con su palabra. Reprimió con balas de goma, con gases lacrimógenos. A fuego y gritos. Con bronca y saña. Pero en un momento las balas de goma pasaron a ser de plomo y la sangre comenzó a escribir la historia de Maximiliano Kosteki y la de Darío Santillan, que dejaron de ser presentes para pasar a ser mártires. ¿Mártires a esta altura del siglo? Sí, mártires de un gobierno suplente. Un gobierno que estaba en el banco ansioso por entrar en el lugar de ese jugador que todos habíamos esperado que jugara como él sabía. Aunque ese torpe, inútil e inepto jugador se lesionó solo, cayo por su propio peso especifico de incompetencia, y un país entero cayo en la ciénaga junto a él. Y ese jugador que miraba con inocencia como se iban dando las cosas, festejo como un niño su entrada al campo de juego. Un gobierno en sobras. Ese gobierno amenazo y cumplió, con fuego, pero cumplió. Y con las manos llenas de sangre ese jugador también debió irse. Sin respuestas, sin responsables. Se fue como llegó con sombras, queriendo hacer de su sucesor un títere que termino por degollar su propio juego. Pero esa es otra historia...

Ese día Darío y Maxi, dejaban un vacío que se lleno de dolor. Un dolor que en los primeros instantes estuvo empañado por las mentiras de sus verdugos. El jefe del operativo Alfredo Franchiotti fue el encargado de ejecutar a estos muchachos que tenían tan solo 21 y 24 años. El comisario Franchiotti declaro ante las cámaras que fue solo una disputa entre esos piqueteros. El comisario asesino Franchiotti monto una escena en la que paso a ser victima, delante de las cámaras de televisión, de esos intolerantes piqueteros. Al comisario Franchiotti se lo ve apuntándole con si Itaka al cuerpo inmóvil de Maximiliano, y tirando del cuerpo mal herido de Darío quien sin conocerlo había ido a auxiliar a su compañero de organización...
Ese día, hace cuatro años, un presidente que hoy disfruta desde Alemania del mundial de fútbol, se desdijo varias veces de lo que había sucedido, para terminar llamando a ese asesinato premeditado de Masacre. Ese día, hace cuatro años, nos dimos cuenta que en democracia también se ejerce un terrorismo mentiroso por parte de un estado ausente.
Hoy los rostros de Darío Santillan y Maximiliano Kosteki piden justicia desde las paredes del Puente Pueyrredon. Desde este humilde lugar “que se haga justicia”.
Las fotos que acompañan el texto son del fotógrafo Pepe Mates del diario Clarín

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